burning man

1986-2016. Treinta Años del «Hombre Ardiendo»

«Burning man is Silicon Valley«

El autor de esta tajante y taxativa afirmación es Elon Musk, uno de los multimillonarios de Silicon Valley y presidente de Space X, la empresa que pretende llevar adelante nada menos que la colonización privada (sin intervención estatal) del planeta Marte en las próximas décadas. Así que si queremos saber qué es Silicon Valley la respuesta está en Burning Man; pero, entonces ¿qué es Burning Man?

El Festival del Hombre Ardiendo (Burning Man) tuvo un modesto origen en 1986 en Baker Beach, en la costa californiana, cuando un grupo de amigos decidió coronar su jolgorio quemando una efigie con forma humana en la playa. Las trabas impuestas por la policía a este tipo de celebración llevó a los amigos a buscar un nuevo destino donde repetir la fiesta (cremación incluida) sin ser molestados, destino que hallaron varios kilómetros tierra adentro, en el lecho seco de un lago prehistórico en Black Rock, en el desierto de Nevada. Allí, por una semana, se juntaban para celebrar y quemar la famosa figura. Con los años más y más personas se sumaron a la celebración, a tal punto que nació una nueva localidad, Black Rock City, una «ciudad-campamento», donde miles de personas se congregaban por una semana levantando sus tiendas, con el compromiso (ecológico) de dejar el desierto intacto al terminar la fiesta. Lo que partió con un grupo de amigos reunió en 2010 a unas cincuenta mil personas y este año la cifra superó los setenta mil.

Black Rock City es una ciudad muy especial, pero no sólo porque tenga vida una vez al año (en Septiembre). Todo el mundo está invitado a Burning Man, con tal que pague su entrada y acepte las normas del lugar. Lo más importante es participar: quienes asisten sólo a mirar no son bienvenidos. Y en Burning Man participar significa expresarse, o para usar un concepto más afín a su público, transformarse, adoptar modos no convencionales de expresar el ser, el yo. Así, algunos practican el nudismo, otros pintan sus cuerpos, muchos usan disfraces alucinantes; esta escenificación se da en medio de una generosa oferta de talleres de todo tipo, en particular de meditación o prácticas místico-espirituales, yoga, vida extraterrestre (como investigaciones sobre «reptilianos» y otras especies alienígenas en la tierra), instalaciones artísticas, viajes a otros mundos o experimentación sexual («técnicas de masturbación tántrica», «masaje sexual sagrado», «fotografía genital» o sexo anal), entre otras yerbas. Por cierto, aunque se instala un puesto de policía durante el festival, las drogas circulan entre el público en un ambiente animado por las más diversas melodías, en especial música electrónica (los alemanes de Kraftwerk han tocado allí). La expresión libre del sexo queda también al arbitrio de los participantes: los que deseen pueden experimentar el sexo grupal (orgías), el intercambio de parejas o las formas de erotización que quieran. En suma, el ethos que anima a Burning Man es el de total libertad respecto al sexo y las drogas, junto a la invitación a los «burners» (asistentes) a «jugar».

También la construcción o puesta en escena hace de Black Rock City un lugar muy especial. La «ciudad» tiene forma de semicírculo y todas las calles coinciden en su centro, donde está instalado «The Man», la estatua de figura humana que ahora se eleva sobre los 12 metros y que es visible desde todos los puntos de la ciudad. Frente a ella se ubica la otra gran estructura que domina el paisaje: el Templo. Al termino del festival ambas estructuras serán quemadas, la primera en medio de la alegría de la muchedumbre, el Templo, por el contrario, en medio del recogimiento y el recuerdo de los parientes o amigos que han muerto. Sobra decir que estos espectáculos de multitudes reunidas en torno a grandes hogueras tienen fuertes reminiscencias de culturas paganas (cómo no pensar en las antiguas ceremonias celtas, o en los más modernos festivales nazis, por citar algunos ejemplos), muy a tono con el espíritu neo pagano, de tendencia New Age y New Edge, que anima a buena parte de los asistentes.

Un detalle no menor de toda esta historia es la composición de la población que celebra anualmente Burning Man. Si bien los «burners» proceden de todas partes de Estados Unidos y también del exterior (Black Rock City es una ciudad cosmopolita) los fundadores originales e «ideólogos» de esta fiesta son en su mayoría de la bahía de San Francisco y este es un dato no menor, porque ese fue el epicentro de la contracultura de los 60s, de la revolución de las flores de los hippies y del centro tecnológico de Silicon Valley. Precisamente la combinación de geekshackers y hippies que está detrás de la fundación de Silicon Valley es muy similar a la que dio origen a Burning Man. Pero las similitudes no se quedan ahí, la disposición liberal frente a las drogas y el sexo – tan manifiestas en Burning Man – así como el trasfondo semi pagano son recordatorios de lo mucho que debe Black Rock City a la tecnofilia y tecnopaganismo de San Francisco y en especial de Silicon Valley. Es cierto que no todos quienes viven y trabajan en Silicon Valley o en la industria tecnológica de California asisten a Burning Man o comparten las exóticas creencias o desinhibidas conductas que allí tienen lugar cada año, pero es muy revelador de la conexión entre ambos lugares el que muchos de los magnates, genios tecnológicos y trabajadores de Silicon Valley sí sean convencidos burners que en pequeña escala proyectan en su vida cotidiana el esoterismo o la libertad sexual y hacia las drogas que se expresan más abiertamente en Black Rock City. Que la feligresía de esta convocatoria haya crecido en treinta años desde un puñado de personas a más de setenta mil da una medida del éxito de Burning Man, que, dicho sea de paso, es además la matriz a partir de la cual nacerían en las últimas décadas una serie de festivales que replicaron en todo el mundo más o menos la misma fórmula: esoterismo, tecnología, sexo, drogas y música electrónica. Cuando asistimos al despliegue triunfal de la cibercultura y la nueva civilización digital auspiciada por los multimillonarios de Silicon Valley, la frase de Elon Musk resuena más certera que nunca: sí, Silicon Valley es Burning Man.

Versión original diciembre 2016.

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