Equinoccio

Equinoccios y Precesión

Popularmente la gente entiende que el equinoccio del 20 de marzo – cuando el sol cruza el ecuador celeste – marca el inicio del otoño en el hemisferio sur y por el contrario, de la primavera en el hemisferio norte. En general el público masivo asocia los equinoccios y los solsticios como los hitos que señalan los cambios estacionales a lo largo del año. Para quien esté más familiarizado con los ciclos del cielo y la naturaleza esta percepción es diferente: solsticios y equinoccios marcan más bien el punto medio, la mitad de una estación, no su término o el inicio de otra. Así, entonces, se habla de estaciones oficiales y estaciones verdaderas. En cualquier caso, lo cierto es que al sur del ecuador estamos en otoño.

El equinoccio de marzo se ha asociado en el hemisferio norte con la terminología del punto vernal, o punto Aries, como se llamaba en el pasado al momento en el que el sol cruzaba el ecuador pasando desde el hemisferio sur hacia el hemisferio norte. ¿Por qué “punto Aries”? La historia es más o menos larga, pero la podemos resumir como sigue. Hacia el 1900 a. C., si observáramos la posición del sol en el cielo para el equinoccio de marzo, veríamos que el sol se ubicaba en la constelación de Tauro.

Mercurio y Venus

Si hiciésemos la misma observación hacia el 70 a. C. veríamos que para la misma fecha el sol se encontraba casi en los límites entre las constelaciones de Aries y Piscis. Esto quiere decir que durante los casi 18 siglos anteriores el sol, cada vez que cruzó el ecuador en el equinoccio de marzo, lo hacía teniendo como fondo las estrellas de la constelación de Aries.

Punto Aries

Como el primer milenio antes de Cristo coincide precisamente con la época de la maduración de la astronomía babilónica, así como con las observaciones griegas, no es extraño que al equinoccio de marzo se le llamara por entonces “punto Aries”, pues ello recordaba a los astrónomos que cuando el sol cruzaba el ecuador celeste lo hacía en el sector del cielo que correspondía a la constelación del carnero.

Sin embargo, en las décadas que precedieron al nacimiento de Cristo, la posición del sol al momento del equinoccio de marzo ya no se hallaba en Aries, sino en la constelación de Piscis, los peces, como se aprecia en la imagen siguiente.

En resumen, en un plazo de casi dos mil años, la posición del sol al momento del equinoccio de marzo se desplazó desde la constelación de Tauro, pasando por la de Aries hasta alcanzar finalmente la de Piscis en vísperas de la era cristiana. El registro histórico nos dice que el único hombre que se dio cuenta de este cambio en la antigüedad fue el notable astrónomo griego Hiparco, allá por el siglo II a. C. Su descubrimiento fue prodigio de observación, pues el cambio que hemos anotado del sol con respecto a las estrellas ocurre a una escala casi imperceptible para los seres humanos, a razón de cerca de 1º cada 70 años. Hiparco se percató de esta situación al cotejar la rica “base de datos” de las observaciones hechas siglos antes por los babilonios, registros que gracias a las conquistas de Alejandro Magno habían llegado a manos de los astrónomos griegos. A este fenómeno tan especial se le conoce como “precesión de los equinoccios” y nos revela un movimiento por lo común desconocido de nuestro planeta. Para decirlo de manera simple, este “vaivén” de la tierra hace que la posición del sol con respecto a las estrellas varíe de manera lenta pero continua.

¿Qué lección práctica podemos extraer de estos extraños y lejanos sucesos para nuestras vidas hoy? A lo menos quienes confían cada mañana su fortuna a la consulta de su horóscopo, harían bien en recordar que las constelaciones se “corren” constantemente debido al movimiento de precesión de los equinoccios, de forma que esas exasperantes letanías de “…si usted nació entre el 21 de marzo y …entonces…” no tienen hoy el sentido que pudieron haber tenido en tiempos de los griegos y babilonios, cuando efectivamente el “punto Aries” tenía al sol en la constelación de Aries. Nuestra cohorte de astrólogos, tarotistas y adivinos modernos, exponiendo su rampante ignorancia de los verdaderos movimientos relativos de los astros, siguen repitiendo como siempre que “si usted nació entre el 21 de marzo y…”

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