Ugarit

Ugarit, las Voces del Pasado

Seguramente su nombre es desconocido para la mayoría del pueblo evangélico y para buena parte de quienes ministran en nuestras iglesias, pero es un nombre con el que vale la pena familiarizarse, por muy buenas razones que pretendemos desarrollar en el presente artículo.

Corría el año 1928 cuando una expedición de arqueólogos franceses excavó y sacó a la luz una ciudad que ya llevaba unos tres mil años en el olvido, sepultada en las arenas de la desértica costa siria del mediterráneo oriental. La investigación científica de esta hasta entonces desconocida ciudad del cercano oriente arrojó una riqueza de información tal que abrió una ventana única para conocer la existencia humana en una etapa tardía de la edad del bronce. Hoy se sabe que Ugarit era ya un asentamiento en fecha tan temprana como el 6.000 a.C., y que creció con el tiempo, hasta convertirse en una ciudad importante que mantuvo su preeminencia política y comercial por largos siglos, entre el 2.000 y el 1.200 a. C. Aparentemente la invasión de los pueblos del mar que afectó al Medio Oriente en esta última fecha significó la declinación de la ciudad y su posterior abandono, hasta que su nombre desapareció de los registros históricos por los próximos tres milenios.

Los arqueólogos sacaron a la luz toda una ciudad propiamente tal: excavaron el cementerio, palacios (en la foto superior ruinas del palacio real), templos, calles, mercados, casas de potentados y de humildes habitantes. Pero acaso uno de los tesoros más preciados de todas estas joyas del pasado haya sido el descubrimiento de unas tablillas escritas en varios idiomas, entre ellos un desconocido sistema de escritura cuneiforme, el ugarítico, con signos de representar un estadio de transición entre el cuneiforme antiguo y el alfabeto fenicio más moderno. Su descubrimiento, conjuntamente con una serie de documentos tales como contratos civiles, textos religiosos y tratados diplomáticos, representó un avance inestimable para entender la vida comercial, ciudadana, religiosa y política del Oriente Medio en el segundo milenio antes de Cristo.

¿Por qué es tan importante Ugarit? ¿Qué implicancias tiene para el estudioso del Antiguo Testamento? Basta una mirada al mapa del Medio Oriente para comenzar a entender la importancia de este descubrimiento: Ugarit se emplaza a menos de 300 km directamente al norte de Israel. Pero la cercanía geográfica, siendo de la mayor relevancia, incluso es sobrepasada por la cercanía histórica: Ugarit prosperaba en el 1.200 a. C., precisamente cuando los israelitas se asentaban en la Tierra Prometida, o ya llevaban un largo tiempo en ella, según sea la datación del Éxodo. En cualquier caso, la ciudad se hallaba dentro del radio de interés de los hebreos, pues formaba parte de la cultura cananea que se extendía a lo largo de la costa mediterránea del levante siro – palestino. La trascendencia cultural, política y comercial de Ugarit se explica por el hecho de haberse constituido en un punto neurálgico de confluencia de cuatro grandes civilizaciones en el Medio Oriente antiguo: la cultura hitita del norte (Anatolia), la babilónica del este, la egipcia del sur y la greco-chipriota del oeste (Micenas y el Egeo). Los hallazgos arqueológicos prueban fehacientemente los contactos y transacciones con estos cuatro referentes culturales. Más importante aún, Ugarit compartía muchos elementos básicos de la cultura cananea. De hecho, los descubrimientos en la ciudad han permitido a los historiadores contrastar los relatos del Antiguo Testamento acerca de la religión cananea con la cultura religiosa de Ugarit. Hasta entonces Baal, el extraño dios cananeo denunciado por los profetas hebreos, tenía escasos apoyos en la historiografía tradicional; pero Ugarit vino a cambiar todo eso al exponer el culto a Baal y otras deidades cananeas que se practicaba en dicha ciudad.

El cúmulo de información acopiado a partir de los descubrimientos en Ugarit tiene efectos directos en la lectura del Antiguo Testamento; algunos ejemplos nos ayudarán a ilustrar todo lo anterior. En el libro del profeta Amós, el autor se nos presenta como “uno de los pastores de Tecoa” (Amós 1:1). La palabra más frecuentemente usada en las escrituras para referirse a un pastor es ra`ha (הער), como leemos en Génesis 46:34, “porque para los egipcios es abominación todo pastor (ra`ha) de ovejas”. Sin embargo, en el pasaje citado de Amós 1:1 la palabra hebrea usada es noked (םידקנב). Este es un término tan poco común que sólo ocurre dos veces en las escrituras, siendo el otro caso el que vemos en 2 Reyes 3:4, “Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados”. La expresión traducida en español “propietario de ganados” es el hebreo noked. En los textos de Ugarit el término nkd (el ugarítico era un idioma consonantado, al igual que el hebreo) aparece varias veces y se refiere a algo más que un mero pastor; denota usualmente a un potentado, un hombre que vive del negocio de animales, un personaje influyente y poderoso en la comunidad. De modo que bien pudiera ser que Amós haya sido un ganadero importante o por lo menos bastante más que un simple cuidador de ovejas. En el capítulo 6 del mismo libro nos encontramos con otra descarnada denuncia del profeta contra la sociedad israelita de entonces; en los primeros diez versículos de ese pasaje Amós denuncia la vida disipada y festiva de la clases acomodada de su tiempo, la vida de placeres de los ricos en medio de regados banquetes en sus lujosas casas, todo lo cual contrastaba con la situación de precariedad y pobreza que afectaba a grandes sectores de la población. Pues bien, los registros de Ugarit nos proporcionan una nueva luz sobre el carácter que podrían haber tenido tales fiestas o estilo de vida. Esto está relacionado con el conocimiento de una clase especial de celebración que se practicaba en Ugarit: la fiesta marzeah. Hasta donde se sabe, la fiesta marzeah estaba relacionada con aspectos cúlticos de la adoración de Baal, según los relatos mitológicos descubiertos. También se celebraba como parte de la firma de un contrato civil, con un correspondiente banquete que lo acompañaba. Lo que se ha podido precisar, en todos los casos en que se celebraba la fiesta, es que reunía un conjunto de características comunes: los participantes eran personas de un alto nivel económico; había abundancia de comida y de bebida; los excesos de alcohol terminaban en una completa borrachera; también había relaciones sexuales, dando lugar a verdaderas orgías. Tanto si la fiesta era real o mitológica, el desenfreno era total: los registros dicen que hombres y dioses acababan por lo general completamente borrachos y en una atmósfera de perdición completa. Otro aspecto común a la marzeah era su tono fúnebre o el estar asociada a aspectos funerarios, incluso de invocación o adoración de los muertos, lo que era parte del culto de Baal y otros dioses ugaríticos. Muchas de estas características parecen hallar eco en la denuncia que hace Amós en el capítulo 6. No cabe duda que la crítica del profeta se dirige a personas acomodadas – notar la referencia a las “casas de marfil”, sólo al alcance de los reyes y la aristocracia – que tenían tiempo para holgazanear y festejar. Asimismo, el detalle de los “corderos del rebaño” (6:4) se puede comparar con las estancias para los animales que estaban próximas al lugar en que se celebraba la marzeah en Ugarit. Por otro lado, el vino era un elemento central de esta fiesta, lo que también es aludido en el relato profético (Amós 6:6). El uso de tazones para beber también tiene connotaciones de culto, incluso el ambiente fúnebre está presente en el relato del profeta (Amós 6:6-10). En definitiva, la investigación histórica de la fiesta marzeah en Ugarit nos ayuda a dar una nueva mirada al relato de Amós; vemos ahora que en la fuerte denuncia y condenación del profeta perfectamente cabe la posibilidad de que las clases acomodadas de Israel estuviesen entregadas a prácticas del culto cananeo como la adoración a Baal que suscitaba la marzeah ugarítica. Es más, es muy probable que la condenación del profeta fuese alimentada por un sincretismo religioso, donde muchos israelitas mezclaban el culto a Yahvé con la adoración a Baal y otros dioses cananeos ancestrales. Al respecto, hay documentos que relatan un extraño culto a Yahvé y a su esposa, la diosa Astarté, prueba de que el sincretismo era una penosa realidad en Israel.

El aporte lingüístico que supone Ugarit para una mejor comprensión de los textos hebreos del Antiguo Testamento en modo alguno está confinado a los tiempos de Amós. Un ejemplo notable lo hallamos en la lectura de Génesis 1:2, donde leemos que “y la tierra estaba desordenada y vacía”. El término hebrea que nuestras Biblias en español traducen “desordenada” es el hebreo tohu. Mucha discusión ha habido acerca de este vocablo y su exacta significación, pero una posible interpretación es la de “desierto”, de modo que el pasaje citado podría parafrasearse diciendo que la tierra “estaba desierta y vacía”. Un apoyo externo a tal interpretación se encuentra precisamente en un texto ugarítico, donde aparece el vocablo thw, relacionado con el hebreo tohu, que los investigadores han descifrado como “desierto” o “estepa”. Interpretar tohu como alusivo a un desierto o tierra baldía, puede tener a su vez serias consecuencias para entender la cosmología de Génesis 1, si bien esa es otra historia que trataremos en el futuro. Lo importante ahora para nuestro análisis es que Ugarit nos ha ayudado a enriquecer nuestro conocimiento de la cultura y la lengua de los pueblos cananeos que rodeaban a Israel y ha potenciado nuestra comprensión del texto veterotestamentario.

Si tan sólo se mide por su impacto en la lectura moderna de la Biblia hebrea, el tesoro histórico de Ugarit debe contarse entre uno de los más importantes y significativos descubrimientos arqueológicos del siglo XX y debiera figurar como una lectura de referencia privilegiada en la exégesis del Antiguo Testamento. Es cierto que, como todo evento importante, el descubrimiento de Ugarit y su legado de documentos históricos ha levantado también polémicas en torno a los estudios bíblicos, pero todos estos hechos, tomados en su conjunto, no pueden sino ser buenas noticias para todo amante de las escrituras.

Este artículo se publicó en Teologías y Ciencias en agosto de 2010.

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