Mijail Voslensky y Wim Malgo

Vidas Paralelas: Mijail Voslensky, Wim Malgo

Un clásico de clásicos, la famosa serie de biografías que redactara el notable escritor griego Plutarco hace diecinueve siglos permanece hasta nuestros días como modelo de narración y estudio psicológico de los personajes a los que describe. Con mucha más modestia, aquí sólo tomaremos prestado el título de su célebre obra para referirnos brevemente a dos vidas muy distintas, pero que cronológicamente corrieron paralelas.

Uno de nuestros personajes, el escritor, pastor y misionero holandés Wim Malgo (1922 – 1992) es ampliamente conocido en varios círculos evangélicos, particularmente por su famoso ministerio Llamada de Medianoche y por una prolífica producción de libros y revistas, mayormente abocadas a tratar temas de la profecía bíblica y la escatología, como el Apocalipsis y las relaciones entre Israel y la iglesia cristiana. El otro invitado de hoy, Mijail Voslensky (1920 – 1997), escritor, sociólogo e historiador soviético de origen ucraniano, se hizo conocido en Europa occidental tras desertar de la Unión Soviética en 1972 y publicar en 1980 un libro que desvelaba el verdadero carácter de la clase dirigente rusa: “Nomenklatura: The Soviet Ruling Class” (hay edición en español de Argos Vergara: “La Nomenklatura, los privilegiados en la U.R.S.S.”)

La Nomenklatura M. Voslensky

Ya de partida podemos adivinar que las vidas de Malgo y Voslensky corren por carriles muy separados tanto en propósitos como en creencias e ideas, pero en algún momento, a comienzos de los ochenta, ambos autores coincidirán en ciertas apuestas acerca del futuro. Pero vamos por parte. Comencemos por Voslensky, el soviético que se pasó a Occidente quedándose en Alemania en los setenta. Voslensky fue testigo privilegiado de sucesos dramáticos de la historia europea reciente. En 1946, gracias a su dominio de varios idiomas, sirvió como intérprete en los juicios de Nuremberg a los dirigentes nazis; en los cincuenta se integró a la Academia de Ciencias de la URSS y trabajó muy cerca del Comité Central del Partido Comunista soviético. En una carrera de más de veinte años, Voslensky llegó a tener un conocimiento acabado y muy profundo de la realidad del sistema soviético desde dentro, pudo comprender y experimentar la situación del imperio soviético, oficialmente un país sin clases sociales, pero donde la aguda visión de Voslensky desnudó la realidad de una clase dirigente – la Nomenklatura – que controlaba todo el país como una verdadera dictadura. Cuando consideró prudente no regresar a la URSS, Voslensky se dedicó a poner por escrito sus ideas y así nació el descarnado análisis de la Nomenklatura plasmado en la obra referida más arriba. Voslensky expone en este libro no sólo el origen histórico de la nueva clase soviética, sus códigos de conducta, sus ambiciones geopolíticas e incluso detalles como su xenofobia y antisemitismo (herencias del pasado zarista), sino además se da tiempo para preguntarse sobre la viabilidad futura de esta sociedad soviética, dados los escollos económicos del “socialismo real”, todo ello haciendo uso del mismo análisis marxista con el que los jerarcas soviéticos hacían gárgaras. Precisamente por lo lúcido de su estudio, vale la pena citar aquí las palabras mismas de Voslensky:

La clase de la Nomenklatura tiene buenas razones para disimular esta tendencia, cuya dimensión histórica resulta particularmente peligrosa para el “socialismo real.” La declinación del orden social es inexorable cuando las relaciones de producción traban el desarrollo de las fuerzas productivas, y esta verdad forma parte del ABC del materialismo histórico. Ahora bien, este fenómeno, de enormes consecuencias, se manifiesta en el “socialismo real” y no en el capitalismo moderno. Uno puede arriesgarse, en consecuencia, a preguntar cuál de esas dos sociedades carece de porvenir: ¿es el capitalismo, como afirma Breshnev? Más exactamente cada una de estas sociedades tiene un porvenir, ¿pero cuál? El materialismo histórico considera que el conflicto entre relaciones de producción que frenan y fuerzas productivas que se expanden, conduce a una explosión social y desemboca en la formación de un orden social nuevo; a este estallido, el marxismo lo describe como una revolución social. Cualquiera que sea la forma de esa revolución (sea armada o pacífica la manera en que una clase social delegará, sin violencia, el poder en otra clase), su realidad es siempre el conflicto que acabamos de describir: el estallido de relaciones de producción que se han quedado ya demasiado estrechas. ¿Se puede afirmar que el “socialismo real” se encamina hacia una revolución, lo que se traduciría en la pérdida del poder por parte de la Nomenklatura? Resulta evidente que la Nomenklatura se esfuerza, en todos los sentidos, por impedir la germinación de tal idea.”

La Nomenklatura, Mijail Voslensky (el destacado es nuestro).

Lo que Voslensky está apostando aquí es la posibilidad – para él bastante real – de que la Nomenklatura pierda el poder en la URSS, debido a la crisis económica que, siguiendo la estricta teoría marxista, debiera llevar a una revolución en la Unión Soviética. Cuando Voslensky escribe esto, a comienzos de los ochenta, el imperio soviético parecía eterno: cada año en la Plaza Roja el desfile de los proyectiles nucleares, tanques, aviones y tropas muestran al mundo el poder y la fuerza de los soviéticos. Hasta aquí Voslensky.

Volvamos ahora nuestra atención a Wim Malgo. Décadas de trabajo en Suiza y miles de ejemplares de sus revistas y libros traducidos a varios idiomas, extendieron con éxito el ministerio de Llamada de Medianoche a audiencias evangélicas en todo el mundo. Como adelantamos antes, el contenido de la literatura que produce Llamada de Medianoche gira esencialmente en torno a la profecía bíblica, especialmente la escatología o las doctrinas de los últimos tiempos. Cabe aclarar aquí que la visión que expone Malgo corresponde a lo que se conoce más popularmente en los círculos teológicos protestantes como dispensacionalismo. No tenemos el espacio ahora para desarrollar en extenso qué es este sistema doctrinal, pero suponemos que el lector evangélico tendrá una idea general al respecto. Empero, podemos detenernos en parte de la exégesis que desarrolla Malgo para ilustrar el contenido de sus enseñanzas. Siguiendo la lectura dispensacionalista estándar, esto es, literal, de las escrituras, Malgo creía que el Imperio Romano, en cuanto realidad territorial o geopolítica, iba a reaparecer en Europa, es decir, veríamos el surgimiento de un supra estado cuyas fronteras territoriales se aproximarían a los antiguos límites imperiales romanos. En sus libros Malgo expone su idea de que el núcleo de esta nueva versión imperial sería la Unión Europea, la comunidad de estados europeos que a comienzos de los ochenta comprendía a poco más de diez naciones del occidente europeo. Según él lo ve, esta confederación se extendería hasta abarcar más y más estados que geográficamente se ubican en los antiguos límites romanos en torno al Mediterráneo, lo que supone que debiera incluir a países musulmanes del norte de África y del Medio Oriente. Esto a su vez formaría parte de una serie de acontecimientos que estaban asociados a los últimos tiempos profetizados en la Biblia. ¿Cuándo tendría lugar todo esto? Malgo se cuida de aclarar que sólo Dios sabe la fecha exacta de tales acontecimientos, pero deja un espacio para especular según algunos datos que se conocían entonces. Por ejemplo, Malgo cita las palabras de Jesús a propósito de su discurso escatológico en Mateo 24: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:34). Malgo toma como punto de referencia la fundación del moderno estado de Israel en 1948, lo que combina con el hecho de que una generación bíblica tradicionalmente comprende un período de cuarenta años. Entonces se pregunta qué pasaría si Mateo 24:34 se refiriera a la fundación de Israel; entonces tendríamos que: 1948 + 40 = 1988. ¿Tendrá algo especial el año 1988? Malgo deja la pregunta abierta; cuando él escribe a comienzos de los ochenta, muchos de sus lectores deben haber esperado el año 1988 con expectación de lo que podría pasar. ¿Por qué tomar como referencia la fundación de Israel? Como muchos dispensacionalistas, Malgo daba una especial relevancia al estado de Israel en su lectura bíblica y profética; de hecho publicaba una revista al respecto: “Noticias de Israel.” En definitiva, Malgo esperaba que la Unión Europea se extendiera hasta abarcar a grandes rasgos los territorios del antiguo Imperio Romano en torno al mediterráneo. Creía además que estos acontecimientos eran inminentes (¿1988?) o en el mejor de los casos que estaban por realizarse en un futuro muy próximo.

Ahora podemos volver a mirar a ambos autores y repasar qué pensaban ellos que podría ocurrir en el futuro cercano. Los dos escribían a comienzos de los ochenta, pero aunque vivían los mismos sucesos en la Europa atrapada por la guerra fría, sus especulaciones siguieron caminos muy distintos. Voslensky, como hemos visto, esperaba que tuviese lugar un estallido en la URSS, desde dentro del sistema, una revolución en el clásico sentido del materialismo histórico. El resultado de esa revolución tendría que significar el fin del régimen de la Nomenklatura, la clase privilegiada denunciada por Voslensky. Malgo, por su parte, esperaba que en los próximos años la Comunidad Europea siguiera creciendo hasta abarcar los antiguos territorios imperiales romanos, es decir, creciendo en torno al Mediterráneo. Intuía además que a fines de los ochenta o comienzos de los noventa podrían ocurrir sucesos escatológicos relevantes. ¿Qué sucedió finalmente?

Bueno, nosotros tenemos ahora el beneficio de la historia para juzgar cuál fue la suerte de las especulaciones sobre el futuro de uno y otro autor. En 1988 no sucedió nada especial, escatológicamente hablando, pero entre los años 1989 y 1990 efectivamente tuvieron lugar eventos increíbles que cambiaron dramáticamente el tranquilo mapa de Europa luego de cuarenta y cinco años de paz. Sin embargo, huelga decirlo, estas transformaciones se hallaban muy lejos de las expectativas de Wim Malgo. Efectivamente la Comunidad Europea continuó extendiéndose tras la caída de la URSS, pero el sentido geográfico y geopolítico de esa expansión no fue en ninguna manera el esperado por Malgo. La unión sigue siendo esencialmente europea y, al menos hasta el presente, no se observa ninguna posibilidad real de que se pudiera abrir para incorporar a los países musulmanes del norte de África. Incluso Turquía, con un pequeño pedazo de territorio europeo, ha tenido problemas hasta nuestros días para ser recibida como país miembro, debido al temor o preocupación que sienten la mayoría de los europeos de tener entre ellos a un país musulmán de más de 70 millones de habitantes. La unión ha crecido, sí, pero no en torno al mediterráneo, sino hacia los países eslavos ex integrantes del bloque soviético, hasta abarcar casi toda Europa, menos Rusia. Basta mirar el mapa europeo para entender que la idea de Malgo sobre una hipotética restauración de las fronteras imperiales romanas está desahuciada en el estado actual de las cosas. Por el contrario, la tesis de Voslensky sobre un eventual colapso y revolución dentro de la URSS parece casi historia escrita de antemano. Se puede decir que, a grandes rasgos, su evaluación del devenir de la URSS no pudo ser más acertada. La implosión del imperio soviético y su consiguiente fragmentación en un conjunto de estados menores, muchos de los cuales se integraron luego a la Unión Europea y a la OTAN, nos parece tan evidente ahora que fácilmente podemos pasar por alto lo improbable de la caída del imperio soviético cuando Voslensky escribía al inicio de la década de 1980.

A casi treinta años, dos vidas que corrían paralelas, la de Voslensky el historiador y la de Malgo el pastor, se detuvieron por un instante para preguntarse acerca del futuro; mirando retrospectivamente, Voslensky parece haber sido mucho más acertado que lo que lo fue Malgo. Esta lección de la historia reciente debiera llamar a precaución a quienes estudian hoy en día las escrituras, en particular cuando la profecía bíblica es invocada para defender o atacar distintas posiciones ideológicas, cuando no es usada ligeramente en la política contingente. La necesidad o la tentación de usar la Biblia para entender la historia es un ejercicio que se ha practicado desde hace mucho tiempo, pero es un ejercicio que requiere maestría y una buena dosis de humildad por parte de sus practicantes. Con tanta novedad apocalíptica rondando incluso en los cines y en los medios de comunicación, sin duda muchos volverán a jugar este juego nuevamente; tal vez sería bueno recordar entonces el capítulo de Malgo y de Voslensky.

Este artículo se publicó originalmente en Teologías y Ciencias en mayo de 2010.

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir al contenido